La Soya en la alimentación

Por: Dir Calidad y Tecnoligía-MINAL

Durante siglos los chinos han llamado al frijol de soja «la joya amarilla» o «gran tesoro» y no se equivocaban al atribuirle a este grano dorado propiedades trascendentes.

La soja ha despertado en el mundo científico no pocas controversias, dadas por sus aparentes defectos y virtudes intrínsecas. Por un lado se percibe su sabor característico, no siempre asimilado por el mundo occidental; por otro se aprecian sus sorprendentes propiedades nutricionales y terapéuticas, que junto a su evidente capacidad de propiciar una alimentación sostenible, ha conllevado a su valorización creciente a escala internacional.

La soja se descubrió en la antigua China y en un principio solo se empleaba como abono para enriquecer la tierra. No fue hasta finales de la dinastía Chou, en 1134 a.C., cuando los chinos iniciaron su consumo y comenzaron a fermentarla para convertir esta leguminosa en una pasta conocida por su nombre japonés: miso. Uno de los primeros tipos de queso conocidos por el hombre fue elaborado a partir de una cuajada sin madurar y prensada de soja, de la que se obtuvo el tofu, alimento de notable prestigio en la actualidad. Un proverbio chino afirma que los granos de soja deben cocerse el doble de tiempo que tardas en arder una vara de incienso.

A finales del siglo XIX y principios del XX comienzan a reconocerse los valores de la soja en el continente europeo, factor expresado por una incipiente comercialización. Específicamente, en Francia se inició la producción del aislado de proteína de soja, conocida como caseína vegetal.

En el continente americano se registra su presencia en 1804, en territorio estadounidense, con un cargamento proveniente de China, aunque existen referencias aisladas anteriores. Posteriormente, fue creciendo el interés por esta leguminosa, lo que alcanza puntos relevantes en los elevados consumos de harina de soja durante las dos guerras mundiales, como fuente de proteína de alta calidad con bajos costos.

En Cuba el cultivo de la soja se introduce a principios del siglo XX, aunque existen evidencias de una introducción más temprana, primero por los emigrantes chinos y después por los de procedencia nipona, todo avalado por los hábitos alimentarios de estas poblaciones (Publicado por Madelaine Vázquez Gálvez en Cubasolar.cu).

Este producto es muy utilizado, en nuestra industria cárnica como extensores cárnicos y lácteos para la producción de yogurt de soya, muy utilizado en la merienda escolar, en la alimentación de los niños y de la población en general.

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