La sequía prolongada y al tratarse el agua de un recurso natural vital y finito para la supervivencia humana, urge incorporar como práctica diaria en nuestras vidas un plan de reducción de pérdidas, para ello es necesario llevar a cabo programas educativos de divulgación en todo el país con la participación de las organizaciones de masas, políticas y sociales, reconocidas por su capacidad de movilización y constituyen un eslabón fundamental en el ahorro del preciado liquido y en el incremento de la eficiencia de su uso creando una cultura ambiental hídrica para mitigar los efectos de su carestía en un contexto climático complejo de sequías prolongadas.
En nuestras industrias alimentarias con el apoyo de la CTC, PCC y la UJC se lleva a cabo un amplio programa de reducción de pérdidas del agua como es la rehabilitación de redes en mal estado del sistema hidráulico, sustitución de herrajes hidrosanitarios, la instalación de metros contadores, no dejar que el grifo quede goteando, los tanques sin flotantes desbordados en azoteas, reparación de salideros de vapor en las calderas, sustitución de mangueras en mal estado y habilitar mangueras de menor diámetro, las inspecciones estatales a entidades grandes consumidoras y derrochadoras, donde, según las deficiencias, se adoptan planes para reducir progresivamente los sobreconsumos hasta enmarcarse en la norma y controlar el gasto de agua.
Es por estos motivos y teniendo en cuenta la necesidad de la cultura de uso racional agua el Parlamento cubano aprobó la Ley de las Aguas Terrestres, la cual ordena la gestión integrada y sostenible de las aguas terrestres en Cuba, en función del interés general de la sociedad, la salud, el medio ambiente y la economía.
Nuestras industrias alimentarias trabajan consiente de la necesidad de llevar con rigor el plan de reducción de las pérdidas del recurso renovable, escaso y vulnerable: el agua.




















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